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"Para evitar caer en malas interpretaciones o malas praxis que perjudican al colectivo de estudiantes y a las organizaciones donde se realizan estos tres tipos de prácticas, es importante hacer una clara diferenciación entre estas tres alternativas que de manera popular se han ido confundiendo con el paso del tiempo."

 

Para evitar caer en malas interpretaciones o malas praxis que perjudican al colectivo de estudiantes y a las organizaciones donde se realizan estos tres tipos de prácticas, es importante hacer una clara diferenciación entre estas tres alternativas que de manera popular se han ido confundiendo con el paso del tiempo.

La principal característica de un becario es que, como su propio nombre indica, percibe una beca, es decir, no se trata de un contrato laboral sino de una aportación de una organización a un estudiante o recién titulado, que le facilita la realización de algún estudio, actividad de investigación o perfeccionamiento. Según la Ley 27/2011, reformada en 2013, los becarios deben estar dados de alta en la Seguridad Social y habitualmente pueden vincularse a las empresas durante seis meses.

En cambio, en el caso de un estudiante en prácticas, existe un convenio entre tres partes –centro docente, empresa u organización y estudiante- que regula la relación temporal, y que detalla tanto los horarios como el sueldo que el alumno percibirá durante el periodo que duren las prácticas.  Asimismo, el centro educativo deberá encargarse de tutorizar al alumno, que en ningún caso podrá ocupar una posición estructural en la empresa ni estar dentro del proceso productivo, es decir que el beneficio de la misma no dependa de su trabajo, sino que debe hacer tareas específicas que vienen señaladas en el convenio de prácticas de la universidad. El Real Decreto 592/2014, del 11 de julio,

regula las prácticas y en este caso no es obligatorio que se remuneren porque se entienden o se integran como parte de la formación obligatoria. Si son prácticas curriculares, son obligatorias. Si son extracurriculares, no son obligatorias.

Por otro lado, existe la modalidad del contrato en prácticas. Una de las principales características de dicho contrato es que debe firmarse dentro de los primeros cinco años tras la finalización de los estudios y siempre el estudiante que se mantenga vinculado al centro de formación. La duración del contrato puede ser desde un mínimo de seis meses hasta un máximo de dos años, periodo durante el cual el salario será fijado en el convenio, no pudiendo ser inferior al 60% durante el primer año y un 75% durante el segundo, en referencia a un trabajador que desempeñe las mismas funciones o equivalentes en su puesto de trabajo.

Lo que no se puede hacer en ninguno de los tres casos es tocar una plaza estructural, porque se precariza el puesto de trabajo, pero si se hace bien, estaríamos formando a los empleados del futuro, que en definitiva serán los que pagarán las pensiones. Ahora bien, hay empresas de todos los colores y pueden utilizar estas modalidades de colaboración como un uso o como un abuso. Aquí es donde se encuentra la frontera, donde empiezan y acaban las funciones y tareas de la persona en cuestión.

En España se calcula que hay unos 70.000 becarios que son los que perciben algún tipo de remuneración, aun así este dato excluye la gran bolsa de alumnos en prácticas que no recibe ningún salario y tampoco cotiza en la Seguridad Social, con lo cual, la cifra antes mencionada es en realidad más elevada según denuncia la UGT en un  informe.  Tanto sindicatos como algunos expertos han reconocido el empeoramiento de la situación laboral de becarios y estudiantes de prácticas debido a la crisis. Hay que tener en cuenta que ha habido empresas muy pequeñas que durante este periodo han recurrido de forma continuada y sistemática a estudiantes de prácticas para cubrir posiciones estructurales. En estos casos sí que podríamos hablar de un abuso, puesto que se han aprovechado de esta mano de obra más barata y han utilizado a los estudiantes en prácticas como sustitutos de trabajadores para no tenerles que pagar un salario mínimo interprofesional. Se trata de falsos “practicantes” que ocupan puestos de trabajo sin las condiciones y derechos mínimos del mismo. Ha habido casos sobre los que tenemos jurisprudencia, descubiertos por inspecciones de trabajo, que iban en esta línea de condiciones precarias y abusivas de trabajo de personas con contrato de prácticas.

En cuanto a remunerar o no a los estudiantes en prácticas, existen dos discursos, el legal y el moral o ético que es el que podemos debatir. La cuestión es que la remuneración durante el periodo de prácticas a un estudiante es voluntaria, no es obligatoria mientras no conste por escrito. Lo que pasa con muchas empresas u organizaciones de prestigio profesional, es que han hecho una mezcla que no se debe hacer. Como es un privilegio trabajar o colaborar con ellas, porque dan un reconocimiento curricular y buena presentación cuando se busca trabajo, no pagan. Es cierto que se valora mucho y que sirve como referencia de conocimientos y habilidades adquiridas o puestas en práctica, por tanto, se tiene más bagaje. No obstante, no se deberían mezclar los conceptos de remuneración y el prestigio que pueda tener una institución donde se realizan las prácticas. El 58% de los alumnos en prácticas en España no percibe ninguna remuneración, según el informe The experience of traineeships in the EU ('La experiencia de los becarios en la Unión Europea'), publicado por la Comisión Europea. Siete de cada diez reconocen tener una carga laboral equivalente a la de los trabajadores con contrato. 

Sólo las ganas de ganar experiencia en el mercado laboral y de aplicar los conocimientos adquiridos durante los periodos de formación (grado, máster o cualquier tipo de formación profesional) compensan las condiciones bajo las que trabajan becarios, estudiantes en prácticas y trabajadores con contrato en prácticas.

Al final la comunicación es esencial ya que muchos estudiantes no tienen la experiencia para expresar lo que padecen durante las prácticas por temor a perder la oportunidad de quedarse en la empresa en la que se encuentran o consideran que ésta les puede abrir un gran abanico de posibilidades a nivel profesional, aunque no sea en la misma empresa donde hacen las prácticas. Se trata de que el estudiante no tenga miedo a expresarse con libertad si se encuentra en desacuerdo con algunas de las condiciones bajo las que trabaja en el centro de prácticas. Por ello, es muy importante que haya un contacto constante entre los tutores tanto del centro de prácticas y de la universidad, como con el estudiante para cualquier incidencia, problema, queja o inquietud sobre las tareas que esperaban y no esperaban hacer los alumnos, porque es lo que dará valor y sentido al aprendizaje de las prácticas.

Las mejores empresas para realizar prácticas son aquellas que entienden que se trata de estudiantes que necesitan formarse, que les guíen y les asesoren, de esta forma el colectivo universitario se sentirá cuidado y motivado. Generalmente las grandes empresas multinacionales y consultoras son las que suelen tener mejores programas de prácticas, que integran por completo al estudiante en los equipos, ofreciendo una gran posibilidad de desarrollo formativo. Aun así, hay pequeñas y medianas empresas que también consiguen integrar con éxito a los estudiantes en la organización con la ventaja de que, al ser menos trabajadores, consiguen crear un clima más cercano y un trato familiar que favorece un aprendizaje más personalizado.

Por Marc Gay Lachner:

@GayLachnerMarc

www.linkedin.com/in/marcgaylachner 

Adaptado de:

http://www.uoc.edu/portal/ca/news/actualitat/2017/107-becaris.html?platform=hootsuite

Otras fuentes:

https://www.randstad.es/tendencias360/becas-practicas-y-contratos-formativos-en-que-se-diferencian/ 

http://noticias.universia.es/portada/noticia/2015/05/27/1125869/cuales-mejores-empresas-realizar-practicas-profesionales.html 

Con la colaboración de Gina Aran:

@ginaaran 

linkedin.com/in/ginaaran

 

 

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